La television publica


EDITORIAL

“LA ÉTICA DE LO PÚBLICO”

En una época signada por la globalización y donde los medios masivos de comunicación han cobrado un voraz protagonismo, surge la necesidad de repensar el rol social de la televisión pública estatal.

En ese sentido, consideramos importante diferenciar que lo estatal no debe reducirse a lo gubernamental; puesto que las autoridades políticas trascienden, mientras que las estructuras oficiales se mantienen y, en función de las nuevas demandas y procesos, deben ir transformándose, redefiniéndose, para no tornarse obsoletas para la ciudadanía a la que pertenecen.

Mientras los canales de gestión privada, en tanto empresas, buscan el lucro; la televisión pública estatal parece intentar seducir al televidente a partir de entenderlo como ciudadano y no como consumidor. Este es el primer aspecto distintivo que observamos entre los dos rubros.

Es decir, la televisión pública estatal interpela al ciudadano y por eso, su objetivo prioritario es contribuir a la construcción del espacio público en cuanto escenario de comunicación y diálogo entre los diversos actores sociales que conviven en su territorio.

Además, mientras la televisión de gestión privada recurre cada vez más a formatos ideados en otras partes del mundo en el marco de la llamada “desterritorialización” cultural y la masificación de consumos; la televisión estatal pretende exponer sus propias producciones elaboradas sobre las bases comunes de la cultura nacional.

En ese marco, se destaca especialmente por contener, al margen de contenidos que reafirman los rasgos identitarios; productos que recogen el estilo de vida y la visión de mundo de grupos minoritarios que coexisten dentro de las fronteras.

La televisión estatal, por atender al amplio espectro que conforma lo nacional, intenta asumir la complejidad del conjunto y trabajar en la construcción de lenguajes comunes, ampliando las posibilidades para la construcción de ciudadanía, democracia y sociedad civil.

Otra de las características que distinguen a la televisión pública estatal es la de ofrecer un espacio donde se pueda desarrollar un amplio y plural debate de ideas, dando lugar a todos los sectores, incluso a las minorías culturales; valores promisorios e incipientes creadores independientes del mundo artístico; científico y tecnológico.

La televisión pública no se limita a la transmisión de cultura importada, sino que trabaja para fomentar la creación autóctona, contemplando la cosmovisión de la sociedad, en una tarea constante por explorar sus lenguajes y potencialidades expresivas. La imagen es el lugar posible para construir, donde la información y la imaginación deben contactarse con el receptor, para lo cual debe atraer y despertar emociones comunes. La imagen devuelve la realidad enriquecida y ampliada.

La televisión pública estatal es la que intenta concretar esa conexión entre la vida cotidiana con el flujo de imágenes, recopilando información y experimentación estética, conocimiento y juego, cultura y disfrute.

Como dice Barbero, “la televisión cultural se convierte en alfabetizadora de la sociedad toda en los nuevos lenguajes, escrituras y saberes audiovisuales e informáticos que conforman la específica complejidad cultural de hoy, procurando al televidente no sólo información ilustrada sino experiencias comunicativas significativas en la vida cotidiana, a través de las cuales la televisión y la sociedad se abre a las nuevas sensibilidades como son las mujeres, los jóvenes y las identidades minoritarias” [1].

La televisión pública estatal tiene, a nuestro criterio, un rol social significativo, especialmente en tiempos de mundialización y universalización de los consumos y donde las tradiciones tienden a desaparecer. Con una política integracionista y plural como sustento, debe lograr establecer, siguiendo a Barbero, una clara sintonía con los diversos ritmos de lo simbólico, de sus memorias y de sus cambios.

[1] Televisión pública, cultural, de calidad. Jesús Martín Barbero, Germán Rey & Omar Rincón Fuente: Publicado en Revista Gaceta, nº 47. Bogotá, Ministerio de Cultura, Dic-2000, pág. 50-61.








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